Ley Fintech: ¿un pequeño paso para la innovación?

Ley Fintech: ¿un pequeño paso para la innovación, un gran salto para el sistema financiero?

Hace poco se aprobó en México la Ley Fintech, pero ¿qué repercusiones tiene? ¿Qué dice la Ley? ¿Será útil?

Antes de ahondar en las respuestas, éste es un breve panorama del papel de las Instituciones de Tecnología Financiera (ITF, o fintech) en México, principalmente de negocios emergentes y escalables (startups) que forman parte de una oferta financiera innovadora que emplea tecnologías digitales, y cuyos servicios pretenden ser menos costosos y más eficientes.

Hoy en día, nuestro país se está convirtiendo en un hub del sector debido al tamaño del mercado. De acuerdo con Finnovista, en el 2018 México es el líder fintech más importante de América Latina, con 238 startups.

En julio del 2017, con la actualización del "Radar Fintech" de Finnovista, una encuesta a más de 100 fintech, indica que 90% de los emprendimientos afirmó que operan exclusivamente en México; 39% indicó estar "listo para escalar", 22% en etapa de "crecimiento y expansión", y el resto en etapas "iniciales"; 39% tiene menos de 10 empleados y 35% más de 100; 63% afirmó haber recibido financiamiento en el pasado; 69% fue creada en los últimos tres años, mientras el resto tiene cuatro años o más de antigüedad; y 46% compite por un mercado objetivo de consumidores y pymes subancarizadas y no bancarizadas, por lo que contribuyen a erradicar la exclusión financiera del país (efecto Fintech for Inclusion).

Bajo este contexto, el pasado 9 de marzo del 2018 se publicó la Ley Fintech, cuyo objeto es regular los servicios financieros que prestan, su organización, su operación y funcionamiento, así como los servicios financieros sujetos a alguna normatividad especial que se ofrezcan por medios innovadores, buscando cumplir con los principios de inclusión e innovación financiera, promoción de la competencia, protección al consumidor, preservación de la estabilidad financiera, prevención de operaciones ilícitas y "neutralidad tecnológica".

Como clientes, inversionistas, solicitantes de recursos o servicios de una fintech, la Ley define tres tipos de empresas y sus servicios:

1) Las de financiamiento colectivo, que permiten solicitar/invertir en: a) Préstamos, créditos o cualquier otro financiamiento a solicitantes; b) Comprar o adquirir títulos representativos del capital social de empresas solicitantes; c) Celebrar convenios para adquirir una parte proporcional o participación en un bien presente o futuro o en los ingresos, utilidades, regalías o pérdidas de proyectos de empresas solicitantes.

2) Las de fondos de pago electrónico, que permiten acceder a servicios relacionados con la administración, redención y transmisión de fondos de pago electrónico, referidos a un valor monetario equivalente en moneda nacional o extranjera, o a un número determinado de unidades de un activo virtual (moneda cuya transferencia únicamente puede llevarse a cabo a través de medios electrónicos, como la moneda bitcoin).

3) Las que ofrecen modelos novedosos, que permiten acceder a servicios financieros a través de herramientas o medios tecnológicos, con modalidades distintas a las existentes en el mercado. Con este modelo, se abre la posibilidad de utilizar espacios de experimentación, que el Banco Interamericano de Desarrollo denomina sandbox regulatorio, y que dan la posibilidad a empresas innovadoras de operar temporalmente, bajo ciertas reglas que limitan aspectos como el número de usuarios o el periodo de tiempo en que se puede ofrecer el producto; de esta forma las empresas pueden probar productos, servicios y soluciones originales, ante la atenta mirada del supervisor.

Como se puede ver, la Ley Fintech abre la puerta a la competencia a nuevos jugadores e iguala el terreno en el que bancos y nuevas empresas ofrecen sus servicios financieros. Con esta nueva regulación, todos, como clientes financieros, podrán tener el ánimo de saber que se tendrán más y mejores servicios financieros de valor agregado en un menor tiempo y seguramente a menores precios que antes.

Se podría pensar que esta regulación pone en riesgo al sector, pero más que impactar en una industria establecida, se abre la oportunidad de cooperar y formar alianzas estratégicas donde antes no era posible; también se da la opción para que inversiones que fluyen a través de fondos de capital privado participen de esta nueva industria con la certidumbre que ofrece la Ley Fintech.

A final de cuentas, en este momento, en el que el sistema financiero formal se encuentra bien capitalizado, se da la oportunidad de tener no sólo uno estable, sino moderno, inclusivo y de mejores productos para todos los mexicanos.

El autor es director de Nuevos Negocios Digitales de BBVA Bancomer.

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